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El gobierno de Bolsonaro es ‘peor amenaza que el coronavirus’, dicen brasileños mientras la nación supera las 500.000 muertes

Alejandra Ramos Barreda

(CNN) — Hoy en día es raro que exista una persona en Brasil que no haya perdido a un ser querido por culpa del covid-19 dicen científicos locales, cuando el país alcanzó el sombrío hito del medio millón de muertes atribuidas al virus.

La nación suramericana, que alberga a la mitad de la población del continente, está siendo diezmada por el virus. Solo el 18 de junio, Brasil representó casi un tercio de todas las muertes por covid-19 en todo el mundo, según Our World in Data, una cifra que los expertos advierten que aumenta rápidamente a medida que el virus se propaga sin control por todo el territorio.

La cifra de 500.000 muertos es el doble que hace seis meses, una señal de que la tasa de mortalidad se está acelerando, dicen los expertos.

«En junio del año pasado, llegamos a 50.000 muertes por covid-19. En solo un año hemos multiplicado este número 10 veces. Da mucho miedo», afirma el neurocientífico brasileño Miguel Nicolelis, quien en enero predijo que el país alcanzaría las 500.000 muertes en julio. «En ese momento, la gente pensaba que el número era exagerado», recuerda.

Los trabajadores del cementerio llevan el ataúd de una persona que murió por complicaciones relacionadas con el covid-19 en el cementerio Inhauma en Río de Janeiro, Brasil, el 18 de junio de 2021.

El país ha sufrido un lento despliegue de vacunas y una firme resistencia a las medidas de contención por parte del gobierno del presidente Jair Bolsonaro, quien ha minimizado la gravedad del virus.

Sin confinamiento y solo el 11,4% de la población totalmente vacunada, el país se considera un «granero de nuevas variantes» y está cada vez más aislado del resto del mundo. Hasta la fecha, más de 100 países restringen la entrada de brasileños, según el Ministerio de Relaciones Exteriores.

La presión sobre el gobierno federal aumenta: el sábado se realizaron manifestaciones en contra de Bolsonaro a lo largo del país —en Sao Paulo, Río de Janeiro, Brasilia, Salvador y Recife— e incluso aquellos que estaban en cuarentena salieron a las calles.

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La desarrolladora de software Mariana Oliveira es una de ellas. Dice que decidió protestar y correr el riesgo de infectarse porque «el gobierno es una amenaza peor que el virus».

Bolsonaro no comentó sobre el hito de las 500.000 muertes cuando publicó un video en sus redes sociales para alentar a las fuerzas policiales.

Pero Fabio Faria, ministro de Comunicaciones de Brasil, aprovechó la ocasión para atacar a los opositores al gobierno.

«Pronto verán políticos, artistas y periodistas ‘afligidos’ por la cifra de 500.000 muertos», dijo en sus redes sociales. “Nunca los verás celebrar las 86 millones de dosis aplicadas o los 18 millones curados (de covid-19) porque el tono siempre es el de ‘cuanto peor, mejor’. Infortunadamente, celebran el virus».

Los errores de Brasil

Para Pedro Hallall, epidemiólogo y profesor de la Universidad Federal de Pelotas (UFPel), el alto número de muertos muestra el poder de la resistencia del gobierno federal a medidas más restrictivas locales. «No hay forma de hacer un confinamiento sin el gobierno federal, debido a su tamaño e importancia», dice Hallal.

Bolsonaro ha minimizado repetidamente la gravedad de la pandemia, calificando al covid-19 como una «pequeña gripe». Además, desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia mundial, ha participado en al menos 84 concentraciones masivas, según una encuesta del diario brasileño O Globo.

Los esfuerzos estatales y locales para establecer protocolos básicos para abordar las enfermedades infecciosas, incluidas las pruebas, el seguimiento y el aislamiento de los infectados, también han sido débiles, según Hallal.

Un estudio publicado en Lancet Journal por Hallal y su equipo a principios de año estimó que tres de cada cuatro muertes podrían haberse evitado si Brasil hubiera seguido los protocolos básicos para una pandemia. Cuatro de cada cinco muertes podrían haberse evitado si el gobierno hubiera combatido la enfermedad tan bien como el país promedio, estimó el equipo de Hallal.

«Vemos una desaceleración de la pandemia en el mundo y una aceleración en Brasil. ¿Qué hay detrás de esto? Es una destrucción innecesaria de la población. Todos los brasileños hemos perdido personas cercanas a nosotros, es muy difícil encontrar un brasileño que no haya perdido a alguien cercano. Nosotros [los científicos] advertimos, pero no sucede nada en la práctica», afirma Hallal.

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Se ignoraron los correos sobre las vacunas

La Comisión Parlamentaria de Investigación Parlamentaria (CPI) hace una investigación desde la primavera sobre el manejo de la pandemia por parte de varios niveles del gobierno, liderada por el Senado de Brasil, y se investiga si el gobierno federal retrasó intencionalmente el lanzamiento de la vacuna acorde con su estrategia de inmunidad colectiva.

Bolsonaro y sus partidarios dicen que la investigación del Senado tenía como objetivo debilitar al gobierno federal.

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El CPI encontró que el gobierno brasileño ignoró 81 correos electrónicos de la compañía farmacéutica Pfizer, que ofreció su primera oferta de vacunas en agosto pasado, a la mitad del precio ofrecido a Estados Unidos.

Una de las tareas del CPI es investigar la adopción y promoción de medicamentos de eficacia no probada contra el covid-19, como la hidroxicloroquina, por parte del gobierno federal, en lugar de medidas de eficacia más probada, como la vacuna, el uso de mascarillas y el distanciamiento físico.

Copa América

Además del caos de emergencia de salud, Brasil se ofreció a albergar la Copa América, la principal competencia de fútbol de Sudamérica, luego de que Argentina se negara a albergar el evento y Colombia solicitara un aplazamiento en la realización del torneo, según la Conmebol.

El torneo originalmente iba a ser organizado conjuntamente por Argentina y Colombia, pero los organizadores decidieron retirarlo primero de Colombia, debido al malestar social generalizado del país, y luego también de Argentina, debido al resurgimiento de la pandemia.

Bolsonaro presumió que el país sacaría adelante el torneo, a pesar de la oposición generalizada y los esfuerzos de los jugadores de la selección nacional para boicotear el evento.

Al 18 de junio, Conmebol, la Confederación Sudamericana de Fútbol confirmó 63 casos de covid-19 relacionados con el torneo, 14 de ellos solo de la delegación venezolana.

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“Como no cerramos ni bloqueamos el espacio aéreo, Brasil recibe variantes de todo el mundo. La nueva es la C37 (variante andina) en un momento en que Brasil recibe varias delegaciones de esta región para jugar. La Copa América muestra cómo las autoridades federales no respetan la vida», dice Nicolelis, la neurocientífica brasileña.

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La tercera ola

Nicolelis asegura que no puede predecir cómo será la próxima fase de la crisis en Brasil. «Cada ola tiene una peculiaridad. La tercera ola, al menos en Sao Paulo, se comporta de manera diferente a las anteriores. Viene del campo a la capital. El sistema de salud en el interior del estado se ha derrumbado y ahora la capital llegó al 80% de las camas de la UCI”, indica.

Hallal dice que sin medidas restrictivas y confinamientos, el número de muertos en Brasil seguirá aumentando hasta que la vacuna llegue al menos al 40% de la población. El gobierno de Sao Paulo, el estado más poblado de Brasil, anunció el miércoles que ampliará la reapertura de escuelas. «Creo que vamos a permanecer así durante otros cuatro meses, lamentablemente. Solo el efecto de la vacuna resolverá la pandemia en Brasil», dice Hallal.

En esta etapa, los impactos a largo plazo para los millones de infectados también son imposibles de predecir, pero un nuevo estudio ofrece una imagen sombría del futuro: el 23% de las personas que tenían covid-19 en EE.UU. desarrollaron un tipo de enfermedad cardíaca crónica, enfermedades respiratorias, neurológicas o psiquiátricas.

«Cuando miramos el número de «recuperados» hay millones de personas que en el futuro demandarán todo tipo de necesidades de servicios del Sistema Único de Salud (SUS) para enfermedades crónicas. A largo plazo, esta demanda será explosiva. Todo esto en medio de años de recortes de salud pública. Sin el SUS, la catástrofe en Brasil sería aún peor», señala Nicolelis.

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