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Así llegó Lionel Messi a ser el líder de una Argentina favorita en Qatar 2022

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Juan Pablo Elverdin

(CNN Español) — Cuando en la noche del estadio Maracaná del 10 de julio de 2021 Lionel Messi levantó la Copa América luego del triunfo ante Brasil en la final, no solo quedaba atrás la racha negra de Argentina sin conseguir títulos oficiales (el último había sido en el torneo sudamericano en 1993) sino que el todavía jugador del Barcelona se metía para siempre en el corazón de los seguidores argentinos.

Casi 16 años habían pasado del tumultuoso debut en el seleccionado absoluto argentino, el 17 de agosto de 2005 en un encuentro amistoso disputado ante Hungría en el que ingresó en el minuto 64 y, apenas 60 segundos después, se fue expulsado. En el medio, una historia de amores y frustraciones que, con paciencia e insistencia, la “Pulga” logró superar.

Messi llega al Mundial de Qatar 2022 como nunca antes. Con 35 años y ya en el tramo final de su carrera, el futbolista del PSG tiene ante sí, tal vez, el mayor desafío de su carrera: devolverle el título mundial a Argentina después de casi cuatro décadas.

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Con menos velocidad física en su juego, pero con mayor vivacidad mental, el rosarino admitió que el de Qatar “seguramente” sea su último Mundial. Una cuestión de pura biología: al momento de disputarse el torneo en 2030 tendrá 39 años., una edad con la que difícilmente pueda estar compitiendo al máximo nivel. Aunque, claro, con Messi nunca se sabe.

Pero además de la situación personal, Messi goza de un equipo que, después de mucho tiempo, parece funcionar de manera independiente a su figura. El entrenador Lionel Scaloni, que llegó al cargo como interino y a fuerza de buenas actuaciones fue ratificado en el cargo, entendió a la perfección el momento del seleccionado que le tocaba dirigir. Luego de la frustración en el Mundial de Rusia, en el que fue eliminada en octavos de final ante Francia, Argentina dejaba atrás buena parte de la generación de oro encabezada, precisamente, por Messi. Una generación de notables que, paradójicamente, no había podido conseguir ningún título y cargaba con la mochila de tres finales perdidas de manera consecutiva (Mundial de 2014 y Copa América 2015 y 2016).

Para colmo, tras el torneo en Rusia, Messi amagó con deja de acudir a las convocatorias nacionales. El desafío de Scaloni, que nunca había estado al frente de un equipo como entrenador, era mayúsculo.

El novato entrenador entendió cuál era el camino, y la “Pulga” comprendió cuál sería su rol en la nueva etapa de la Selección. La Copa América de 2019, en la que Argentina terminó en el tercer lugar tras perder en semifinales ante Brasil (a la postre, la última derrota argentina hasta el momento) comenzó a mostrar indicios de lo que sería la construcción de lo que es, tal vez, el mejor equipo argentino que integra Messi.

Porque el fútbol es un juego de equipo, y más allá de que la actual selección argentina no tiene en su cartelera la cantidad de estrellas de algunos años atrás, el funcionamiento, la convicción y el rol que cada uno cumple lo transforman en el mejor equipo albiceleste de los últimos años.

Lionel Messi #10 de Argentina celebra su gol en el segundo tiempo contra Jamaica en el Red Bull Arena el 27 de septiembre de 2022 en Harrison, Nueva Jersey. Argentina derrotó a Jamaica por 3-0. (Foto de Elsa/Getty Images)

Messi, de Sol a planeta

La aparición fulgurante de Lionel Messi en el mundo fútbol en los primeros años del siglo XXI supuso la continuidad del reinado que había dejado vacante Diego Maradona. Más allá del brillo circunstancial de algunas estrellas (Ronaldo, Ronaldinho, Zidane), nadie se había adueñado de la corona de mejor jugador del mundo indiscutido desde el ocaso del argentino campeón del mundo en 1986.

Messi, con su prematuro debut en el Barcelona y su elección para representar a Argentina, tomó rápidamente el cetro. Claro que, con el correr de los años, el brillo que mostraba Lio en Europa no tenía correlación en Argentina, donde sus frustraciones se acumulaban.

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Tras la poca acción en el Mundial de Alemania (no ingresó en la eliminación en cuartos de final ante los anfitriones), Messi sufrió la derrota en la final de la Copa América 2007 ante Brasil (0-3), la eliminación en cuartos de final del Mundial 2010 (en el que no marcó goles), y la derrota en cuartos de final de la Copa América 2011 disputada en Argentina (por penales ante Uruguay). En el medio, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 (en fútbol participan selecciones sub-23 reforzadas con hasta tres futbolistas mayores de esa edad) fue la única sonrisa para la “Pulga”.

Todos aquellos equipos mostraban una característica bien marcada: giraban en torno a Messi, que era el principal argumento ofensivo. La diferencia con lo que sucedía en el Barcelona era sustancial: allí, a pesar del innegable peso que decantaba su capacidad futbolística, el argentino era una pieza importante pero no la principal de un equipo al que se le caían las figuras, empezando por el “padre de la criatura”, Pep Guardiola.

Cada vez que Messi jugaba para Argentina la sensación que dejaba era que no estaba pleno, que no lograba disfrutar de ponerse la camiseta albiceleste. No era el mismo que el que partido a partido deslumbraba a Barcelona, a España y a Europa.

El entrenador de Argentina, Diego Maradona, abraza al delantero argentino Lionel Messi tras el partido de cuartos de final de la Copa del Mundo 2010 entre Argentina y Alemania, el 3 de julio de 2010 en el estadio Green Point de Ciudad del Cabo. Alemania ganó 4-0. (Foto: DANIEL GARCIA/AFP vía Getty Images)

El Mundial de Brasil fue una especie de “ensayo general” de lo que vendría. El entrenador Alejandro Sabella, un futbolista que brilló en los equipos de Estudiantes de La Plata que en la década de 1980 dirigió Carlos Bilardo, entendió que la única manera de que Argentina tuviera posibilidades en el torneo era poner el funcionamiento del equipo por encima de todo, incluso de Messi. Así logró llegar a la final por primera vez desde 1990, con un equipo duro que no recibió goles en las fases eliminatorias hasta el de Göetza en la prórroga, que le dio el título a los europeos.

Más allá del reconocimiento de haber hecho un gran Mundial, y de haber sido galardonado con el Balón de oro al mejor jugador del torneo. la derrota fue una nueva frustración para Messi y compañía, que se sumaría a las finales perdidas en las Copa América de 2015 y 2016 ante Chile, ambas por penales. Todo, en medio de una crisis institucional de la AFA que se había desatada tras la muerte en julio de 2014 de Julio Humberto Grondona, mandamás del fútbol argentino durante más de tres décadas.

Poco hacía prever que el Mundial de Rusia 2018 fuera un bálsamo para Messi y la “generación dorada” que estaba llegando a su fin: tres entrenadores en cuatro años y una clasificación agónica en las eliminatorias sudamericanas mostraban que la situación no era la mejor. Y así ocurrió: la eliminación rápida en octavos de final ante Francia, luego de una fase de grupos sorteada con un gol en los últimos minutos del tercer encuentro ante Nigeria, puso punto final a otro sueño. Una nueva frustración para Messi y compañía.

Aquellas derrotas marcaron la relación entre Messi y el público argentino, que le reconocía su extraordinaria trayectoria en el Barcelona, pero le reclamaba lo mismo con la camiseta albiceleste, sin reparar en que el fútbol es un juego de equipo, y que sin una buena estructura colectiva, nadie, ni Messi, puede superar cierta mediocridad.

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Pero la vida (y el fútbol, claro) suele dar sorpresas inesperadas. Y la llegada de Lionel Scaloni a la dirección técnica de la selección argentina iba a ser uno de los acontecimientos más impredecibles de la historia reciente del fútbol argentino.

El Lionel entrenador, que había sido ayudante de Jorge Sampaoli en Rusia 2018, entendió el rol que debía darle al Lionel jugador para volver a enamorarlo de la selección argentina. De a poco, con un trabajo de hormiga, fue construyendo un equipo con nuevos y jóvenes nombres, que reemplazarían a varios de los que acompañaron a Messi en su periplo por la selección casi desde sus primeros años. Ya no estaría Javier Mascherano ni el arquero Sergio Romero, mientras que Sergio Agüero y Ángel Di María alternarían en sus convocatorias. Y, a pesar de las muchas opiniones que decían que Messi ya no estaría cómodo sin sus amigos, nada de eso ocurrió.

Poco a poco, Scaloni construyó un equipo en el que Messi se insertó. Los resultados acompañaron y, tras la pausa por la pandemia de covid-19, llegó lo mejor: la Copa América que debía disputarse de manera conjunta entre Colombia y Argentina en 2020, se postergó para 2021 y se disputó en Brasil. Y allí, Messi y compañía harían historia.

Con un largo invicto, Argentina llegó a la final después de mostrar un gran juego colectivo, superando a todos sus rivales en juego, incluso a Colombia, a la que derrotó por penales en semifinales.

Un Maracaná semivacío fue el escenario de la histórica final que sería una verdadera revancha de años para Messi y compañía. Un tempranero gol de Di María y una actuación sólida le dieron a Argentina el tan ansiado título sudamericano, que no conseguía desde 1993. Fue, además, el primer campeonato en la selección mayor para Messi.

Así, el futbolista argentina comenzaba a saldar, tal vez, su única cuenta pendiente que mantenía en su brillante y antológica carrera: gritar campeón con la camiseta albiceleste.

El argentino Lionel Messi (C) y sus compañeros de equipo celebran después de ganar el partido final del torneo de fútbol Conmebol 2021 contra Brasil en el estadio Maracaná en Río de Janeiro, Brasil, el 10 de julio de 2021. (Foto de CARL DE SOUZA/AFP vía Getty Images)

Messi, el líder que va en busca de la gloria total

Messi ya no es la “Pulga”. Aquel eléctrico jugador que adentro de la cancha podía dejar rivales por el camino como si fueran conos, que no ocultaba su timidez ante las cámaras, le dio paso a un futbolista que entiende que hoy, en la selección argentina, debe ser el faro que guíe a la nueva generación encabezada por Leandro Paredes, Rodrigo De Paul y Lautaro Martínez, entre otros.

Con otro estilo de juego (con 35 años, perdió velocidad de piernas pero ganó en lucidez), el jugador del PSG francés es el líder espiritual de un equipo que busca la gloria mundialista que dejó allá lejos en la historia un tal Diego Armando Maradona. Pero la “mochila” de Messi ya no es tan pesada como lo era algún tiempo atrás. Hoy no siente la responsabilidad de ser la única alternativa ofensiva de su equipo, que sabe cuándo y cómo utilizarlo de la mejor manera.

Por si fuera poco, en la previa del Mundial de Qatar 2022, Messi y compañía gozan de la mejor relación con su público en años, que le reconocen al jugador nacido en la ciudad de Rosario que siempre dio la cara, que eligió jugar para Argentina y que, además, le dio el primer título oficial en casi 30 años.

Ahora bien, ¿le alcanzará a Argentina con este Messi suelto, sonriente, que disfruta de ponerse la camiseta albiceleste? Imposible anticiparlo. Lo que sí se puede evaluar es que la selección sudamericana llega a Qatar 2022 como hacía rato no lo hacía, con un equipo consolidado, un entrenador que, sin estridencias, le llega a sus futbolistas, y con un Messi que, sin dejar de ser el mejor futbolista del mundo, es una pieza más que se inserta en una orquesta que funciona.

Un hombre monta su bicicleta junto a un mural que representa a Diego Armando Maradona sosteniendo la copa del mundo y a Lionel Messi sosteniendo la Copa América en Rafael Calzada el 21 de octubre de 2021 en Buenos Aires, Argentina.  (Foto de Tomas Cuesta/Getty Images)

Messi jugará en Qatar su quinto Mundial. Superará así a Diego Maradona y a Javier Mascherano, que estuvieron en cuatro. Además, tendrá la chance de convertirse en el futbolista argentino con más partidos en mundiales (tiene 19 antes de Qatar, a dos de Maradona) y en el goleador en esa competencia (marcó hasta el momento 6 goles, a 4 de Gabriel Batistuta).

Pero está claro que lo que buscará Messi en Qatar 2022 es otra cosa: que el domingo 18 de diciembre el estadio Lusail lo vea levantando la Copa del Mundo como hizo Diego Maradona en 1986. De lograrlo, será el bronce eterno para un futbolista que llegó para pulverizar todos los récords y escribir una de las páginas más brillantes en la historia del fútbol.

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